lunes, 25 de febrero de 2013

El cementerio perdido de Iquique: una población que creció sobre un campo de muertos

Coordenadas: 20°12'38.47"S 70° 8'7.28"W (aprox.)
Quizás no todos los viajeros noten la extraña situación respecto de los cementerios municipales numerados de Iquique: se pasa del N° 1 ubicado en el sector de calles 21 de Mayo y Sotomayor, existente más o menos desde 1850, al N° 3 de Pedro Prado con O'Higgins y que fue fundado en 1908. En efecto, el Cementerio N° 2 parece un paradigma aludido por omisión: una necrópolis perdida en algún lugar de la ciudad y de sus incontables misterios.
La explicación a esta desaparición total de un cementerio completo es tan pintoresca como extraña, y -por qué no decirlo- también algo macabra: todo el ex N° 2 es ocupado ahora por el populoso barrio de la Población Jorge Inostrosa, tal vez una de las primeras experiencias de tomas "modernas" de terrenos con iniciativas de autoconstrucción y organización social concreta.
La consecuencia de este audaz experimento, sin embargo, es que hasta el día de hoy siguen surgiendo en aquellos terrenos los antiguos restos cadavéricos que lo ocuparon por primera vez, especialmente durante excavaciones para trabajos de alcantarillado, además de salir afuera innumerables historias sobre almas descarnadas errando por las casas y calles donde fue interrumpido su sueño eterno.
 
El "Nuevo Cementerio" en el plano de Iquique de Nicanor Boloña, de 1896.
 
El mismo cementerio en el plano publicado por don Enrique Espinoza en 1903.
HISTORIA DE UN CEMENTERIO PERDIDO
El Cementerio N° 2 de Iquique nació hacia la década del 1890 cerca del antiguo Hospital, por el sector donde ahora están las calles Las Cabras, El Colorado y La Montaña al Norte de Avenida Sotomayor, aproximadamente.
Se lo dispuso allí como respuesta a las epidemias de viruela que diezmaron a gran parte de la población del puerto e hicieron insuficientes las capacidades del Cementerio Antiguo o N° 1. Por largo tiempo, entonces, al debutante e improvisado camposanto surgido de estas fosas comunes y sepulturas muy pobres, se le llamó por lo mismo Cementerio Nuevo o Nuevo Cementerio, apareciendo así en los planos de Iquique hasta la inauguración del N° 3, cuando pasaron a ser distinguidos definitivamente por sus números correlativos.
El problema de contar con lugar para sepulturas ha sido histórico en Iquique. Francisco Javier Ovalle dice en 1908, por ejemplo, que ya en aquel momento se consideraba la posibilidad de extender los terrenos del Cementerio N° 1 hasta los del N° 2, pues el espacio del primero estaba prácticamente saturado:
"En el Cementerio existen numerosos nichos a derecha e izquierda, pero parece que dentro de poco tiempo no habrá dónde construir más, si es que la beneficencia no traspasa los límites comprando otro terreno o extendiéndose sobre el cementerio N° 2, que es el osario común, donde por lo general se entierra a los variolosos y bubónicos".
La solución, sin embargo, fue fundar ese mismo año el Cementerio N° 3 más al Sur, aunque el servicio del Cementerio N° 2 siguió creciendo y aumentando todavía más, cuando llegaba casi hasta la falda de los cerros costeros según algunos testimonios, por el sector de promontorios de La Cantera y casi aproximándose a la actual Avenida Circunvalación. De acuerdo a lo que recuerdan algunos iquiqueños, llegó a ser el más grande y extenso de los tres cementerios.
 
Imagen del memorial en la fosa de las víctimas de la Masacre de Santa María de Iquique hacia 1911, cuando fue instalada en el Cementerio N° 2. Actualmente, este conjunto memorial se encuentra desde el año 2007 junto al acceso del Cementerio N° 1, donde fue rearmado en el centenario de la matanza.
UN CAMPOSANTO POPULAR
A diferencia del Cementerio Viejo y del N° 3, sin embargo, el ex Nuevo Cementerio se perfilaba como una necrópolis más popular y modesta, de carácter obrero a lo sumo, con sepulturas de poco esplendor y aspecto menos lucido, además de escasos mausoleos que, en la mayoría de los casos, eran de pobre factura y de fabricación con materiales más bien ligeros, más parecidos a los que pueden verse en rústicos y básicos cementerios de los pueblitos al interior de Tarapacá.
Una curiosidad más del Cementerio N° 2 es que aquí se encontraba la primera animita iquiqueña conocida como "La Patita" ya hacia fines del siglo XIX, correspondiente a algún macabro pie humano que salía de su cripta en forma de túmulo, siendo venerado por devotos pedidores de favores y de cuya actual versión en el Cementerio N° 3 ya publiqué algo en un anterior artículo de este mismo blog. Era tal la cantidad de velas que se le colocaban a la sepultura-altar que, a causa de la proximidad de unas tumbas con otras dentro del aglomerado camposanto, se declaró un incendio iniciado por los candeleros de la famosa animita hacia la proximidad de la Navidad de 1897, que casi amenaza con destruir todo el Cementerio N° 2.
Luego de la infausta Masacre de la Escuela Santa María de Iquique el 21 de diciembre de 1907, además, los cuerpos de los acribillados fueron a parar a una fosa en este cementerio, donde se construyó después el mausoleo de homenaje a los trabajadores víctimas de esta matanza. Más tarde, hacia 1940, estos restos comenzaron a ser cambiados de sitio y llevados a los patios del Servicio Médico Legal, siendo enterrados en un osario habilitado especialmente y sellado en forma sólida en 1962. El conjunto conmemorativo sería reinaugurado mucho después en el Cementerio N° 1, donde se encuentra ahora.
Cabe hacer notar que la situación de los cementerios aplastados por la urbanidad, como estaba por ocurrirle a éste, ya había sucedido antes en Iquique: sólo como ejemplo, se puede señalar que el mismo Ovalle habló de las construcciones poblacionales que se hicieron en calle Pedro Lagos cerca del sector El Morro, donde estuvo el primer camposanto de la ciudad, por lo que el terreno siguió arrojando restos humanos y cráneos sonrientes en varias excavaciones posteriores para reparar cañerías o aceras, según recordaba el autor. Lo mismo había ocurrido en el sector de Sotomayor entre Ramírez y Vivar hacia los patios donde estaba la estación del ferrocarril: hasta aproximadamente los albores de la Guerra del Pacífico, éste había sido otro cementerio (el Panteón Católico Peruano), "y por ello es que en cualquier excavación se desentierran esqueletos humanos". También existió un cementerio protestante en la Isla Serrano cerca del faro, que aparece señalado en el "Plano Topográfico de la Ciudad de Iquique" de Ramón Escudero, confeccionado en 1861. Algo similar sucedió en Antofagasta, donde el Cementerio N° 2 de esa ciudad fue absorbido por la Población Matta de la misma manera y por la misma época que sucedería lo propio en el de Iquique.
Pozas en las canteras, que servían de piscinas a los niños y jóvenes habitantes de la Población Jorge Inostrosa en sus primeras décadas (Fuente imagen: blog "Patrimonio cultural y fotográfico iquiqueño").
DESTRUCCIÓN DEL CEMENTERIO
Hacia mediados del siglo XX o un poco después, la ciudad se expandía amenazante hacia el sector Norte, creciendo incipientes barrios alrededor de los cementerios, especialmente por la presencia y desarrollo de la industria pesquera. Coincidía que había comenzado a producirse el fenómeno de toma de terrenos, cuya consecuencia principal era el surgimiento de barrios populares sin planificación y armados por sus propios ocupantes, como fue el caso de la Población San Carlos vecina a ambos cementerios. Así, comenzaron a reunirse familias iquiqueñas muy pobres en el sector del Cementerio N° 2, primero enfrente y alrededor del mismo, y luego ingresando a su área interior, desapareciendo rápidamente los deslindes entre el viejo camposanto y la naciente población.
A pesar de las preocupaciones y resistencias de las autoridades, la improvisada villa siguió creciendo y, hacia 1963 ó 1964, parte del propio cementerio comenzó a ser usado para obtener materiales necesarios en la construcción de las precarias primeras viviendas, desarmándose algunos nichos, cruces y mausoleos en esta actividad. Así, comprendiendo que era algo irreversible, la administración municipal decidió demoler por completo el cementerio con maquinaria pesada durante la primera mitad de los años sesenta, retirando las tumbas y tantos cadáveres como le fue posible para reubicarlos en los Cementerios N° 1 y N° 3, con la intención de evitar exponer a la población a las enfermedades allí sepultadas con los cuerpos.
En aquella ocasión, sólo algunos pocos altares o mausoleos fueron perdonados durante aquellos desmantelamientos, como la mencionada animita de "La Patita", que siguió allí un tiempo más para devoción de sus fieles. De acuerdo a la maqueta de toda la ciudad que se conserva en la ex Estación Ferroviaria y que data de 1968, la población tenía alrededor de siete a diez cuadras en este estado inicial de su historia.
Los restos que no fueron reconocidos ni reclamados por familiares, acabaron incinerados en el mismo lugar en un peladero eriazo que quedó entre los caseríos, antes de concluirse la urbanización del todo el sector por entonces carente de agua potable, electricidad y alcantarillados. Hacia los primeros años de la actual centuria, todavía quedaba una parte del antiguo murallón parcialmente quemado, donde se realizaba esta incineración de cuerpos, además de algunos restos de criptas y mausoleos que ya han desaparecido.
 
Casas y callejones en el actual sector de avenida Luis Jaspard.
 
Vista desde la Circunvalación hacia el sector de La Cantera, al fondo.
NACIMIENTO FORMAL DE LA POBLACIÓN
En febrero de 1965, se dio por formalmente creada la población brotada este lugar de muerte y enfermedad. El primer nombre que se le dio fue Población John Kennedy, como prenda de memoria al Presidente de los Estados Unidos, asesinado justo en los días en que comenzaba a nacer la población. Pocos años después, tras morir asesinado también su hermano Robert, se le colocó su nombre a una de las calles interiores.
El reconocimiento oficial de la población fue el resultado de una gran lucha dada por sus propios habitantes, conducidos por dirigentes sociales como doña Inés Tabilo, que da su nombre a otra de las calles que trazan las cuadras de la villa. Aunque sus primeras casas eran de material muy ligero (como madera, tabiques, cartón e incluso telas de sacos), muchas de ellas arrasadas en una excepcional tormenta de lluvia de otoño ocurrida ese mismo año, la comunidad estaba decidida a mejorar las condiciones de vida en el lugar y a permanecer establecida en estos terrenos, venciendo los temores y los escrúpulos por el pasado de aquel suelo.
Los pobladores recibieron un importante incentivo y espaldarazo unos tres meses después, cuando el Intendente Regional don Luis Jaspard inició gestiones para organizar a los pobladores con su primera junta vecinal propia, que pudiera entenderse directamente con las autoridades, en una iniciativa que también contó con el apoyo del Alcalde de Iquique don Jorge Soria Quiroga. En la población existe también una avenida homenajeando con su nombre a Luis Jaspard por esto mismo, pues a partir de estos cambios la población comenzó a ser incorporada más efectivamente al resto de la ciudad, proveyéndosela de servicios básicos, recorridos de locomoción colectiva y planes sociales.
A principios de 1975, cuando fue conocida la súbita muerte en Santiago del insigne escritor, libretista y comunicador iquiqueño Jorge Inostrosa Cuevas, autor de la inmortal obra "Adiós al Séptimo de Línea", la activa junta de la creciente Población John Kennedy decide reunirse y rendir homenaje a su recuerdo adoptando su nombre desde allí en adelante: Población Jorge Inostrosa.
HACIA NUESTRA ÉPOCA
La organización social de los años setenta y ochenta consigue nuevas entregas de viviendas y terrenos, expandiendo la población. Sólo la forma de la cantera y el barranco al oriente, además del barrio industrial y Zofri al Norte, cerraron el paso al crecimiento de estos caseríos. Varios de los jefes de hogar trabajaban en el sector de las industrias y los niños solían ir a bañarse en los pozones de agua que había en el sector de La Cantera, como si fuesen su piscina comunitaria.
En tanto, continuaban apareciendo restos humanos en cada penetración de los terrenos, de acuerdo a los testimonios de los propios iquiqueños que pasaron alguna vez por la población. Cada vez que se edificaba, que se agregaban ductos subterráneos o que se pavimentaban las calles, alguna morbosa sorpresa emergiendo a la superficie, recordaba a todos el tenebroso servicio que había tenido este páramo antes de ser conquistados por los vivos. Quizás vuelvan a aparecer en sectores de la población recientemente comprados para ampliar el área industrial de la Zofri, cuando comiencen a ser intervenidos.
Como ya comenté, existen varias historias particulares sobre aparecidos, duendes y almas en pena vagando por los ex terrenos del desaparecido cementerio. Por desgracia, sin embargo, la Población Jorge Inostrosa (escrita ya en forma casi generalizada como JorgeInostroza) tiene terrores peores que aquellos sobrenaturales a su haber: el año 2007, un informe de la Oficina de Fiscalización Contra el Delito la señaló como una de las más peligrosas y temibles del país, indicando que se había convertido en un refugio para peligrosos narcotraficantes, bandas delincuenciales y avezados hampones, sirviendo para la venta y escondite de drogas duras, además de vehículos 4x4 robados.
Ésta es la realidad, entonces, de aquel perdido Cementerio N° 2 de Iquique y de cómo sus terrenos para muertos fueron relevados por espacios para los vivos, o acaso viviendo juntos unos con otros aunque se eviten los contactos, en otra de las historias casi rayanas en la leyenda que ofrece la semblanza del puerto.

4 comentarios:

  1. Buen articulo, pero las fotografias son de la parte oriente de la población cerca de avenida Circunvalación, lo que no coincide con los planos que expones del antiguo cementerio, el cual debio estar ubicado aproximadamente en las actuales calles Mirador y pasaje Centenario , de todos modos excelente ejercicio para mantener la memoria de los lugares que ya no están en nuestra ciudad.

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  2. Muchas gracias Claudio. El plano-gruía de turismo de Iquique de 1960 muestra perfectamente la ubicación del Cementerio N° 2 práticamente en el lugar exacto que Ud. señala pero mucho más grande que en los viejos planos que aquí colocé, con una prolongación hacia el oriente en el sector sobre el cual tomé algunas imágenes (no están todas publicadas acá, además). Como corresponden a un paisaje que ya no conserva nada del aspecto original del cementerio, preferí priorizar las fotos de la población más que del sector central que correspondió antaño al camposanto. Hace poco, además, Google S.V. incluyó a las villas y calles de este lugar en su recorrido virtual, así que se pueden transitar "online" para conocerlas con más detalle. Muchos saludos.

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  4. Hola, me gustaría saber cuales son tus fuentes de información dado que me encuentro haciendo una trabajo del cementerio 2 y necesito bibliografia.
    Saludos

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